martes, 16 de septiembre de 2008

Ahí estaba yo0
inmersa en mí misma, en mis sueños que no eran nada. Mi pálido rostro estaba iluminado con una tenue luz que apenas me otorgaba vida. Yo, tumbada sobre ese manto de arena, que a diferencia de cuando el sol reposaba sobre ella, estaba fría. Quizás, húmeda. Pero no me importaba. Porque necesitaba sentir que algo me unía al mundo. Entonces un escalofrío recorrió mi cuerpo y por momentos me hizo volver a mi ser. Quise acurrucarme, como cuando era niña para sentirme de nuevo protegida. Y así me quedé. Hipnotizada. Bajo la oscuridad. Así, sin pensar, y sin saber cómo, puse punto final a mi miedo. Recordé los buenos momentos vividos y deseé volver a sentir un abrazo que me devolviese a la vida. Y sumergida en ese pensamiento, dejé volar mi último suspiro para ahogarme en un profundo sueño. Y así, sin miedo, por fin, volé.

No hay comentarios: